La IA no puede replicar el gusto humano, dicen los expertos

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La capacidad de discernir la calidad en el arte, el diseño e incluso las elecciones cotidianas no es algo que se pueda enseñar a un algoritmo, según los profesionales de la industria. Si bien las herramientas de inteligencia artificial avanzan rápidamente, el “gusto” humano (una combinación de experiencia, conciencia cultural y preferencia subjetiva) sigue siendo exclusivamente humano.

El auge del “gusto” como habilidad

Jamey Gannon, un diseñador de marca que imparte cursos en línea para empresas tecnológicas como Google, Meta y Coinbase, sostiene que la IA puede ser utilizada por profesionales creativos, pero no puede reemplazar su juicio. Su curso, “Aprenda a controlar la IA como un director creativo”, se centra en la integración de herramientas de IA en los procesos de diseño, pero sólo para aquellos que estén dispuestos a cultivar su propio sentido estético.

“Si ves todas las películas de Wes Anderson, pasas una hora al día en Pinterest y trabajas en tu estilo personal, en un año saldrás con mejor gusto”, dijo Gannon.

Esto sugiere que desarrollar el gusto no se trata de habilidades técnicas, sino de sumergirse en el mundo del arte, el diseño y la cultura.

Por qué el gusto importa ahora

Greg Brockman, presidente de OpenAI, declaró recientemente en X (anteriormente Twitter) que “el gusto es una nueva habilidad central”. Esta declaración es notable dada la tendencia de la industria tecnológica a priorizar métricas cuantificables sobre cualidades subjetivas. La implicación es que a medida que el contenido generado por IA inunde el mercado, la capacidad de distinguir entre un buen y un mal diseño, o entre creatividad genuina versus imitación algorítmica, será cada vez más valiosa.

Este cambio de perspectiva surge de la comprensión de que la IA puede producir resultados rápidamente, pero carece de la comprensión contextual necesaria para tomar decisiones estéticas verdaderamente informadas. El gusto depende de los matices, los puntos de referencia culturales y la sensibilidad personal, factores que quedan más allá de las capacidades actuales de la IA.

El elemento no cuantificable

El concepto de “gusto” en sí es complejo. ¿Es innato? ¿Aprendió? ¿Un reflejo del estatus social? De todos modos, está claro que si bien la IA puede imitar estilos y patrones, no puede replicar la capacidad humana de sintetizar la experiencia en un juicio estético significativo.

Esta distinción sugiere que el futuro del trabajo creativo dependerá no sólo del dominio de las herramientas de IA, sino también de cultivar una comprensión profunda y personal de lo que hace que algo sea verdaderamente bueno. Sin esa base, las herramientas en sí son inútiles.