La lucha contra el VIH es uno de los mayores logros de la humanidad. Sin embargo, décadas de progreso ahora enfrentan una amenaza crítica. El 5 de junio de 1981, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) informaron cinco casos de neumonía mortal en hombres jóvenes en Los Ángeles, el primer capítulo registrado de lo que se convertiría en la epidemia de enfermedades infecciosas más mortífera desde la gripe de 1918. El virus, que con el tiempo se denominaría virus de inmunodeficiencia humana (VIH), se cobraría aproximadamente 44 millones de vidas en todo el mundo, remodelando la medicina, la política y la cultura.
De la sentencia de muerte a una condición manejable
Durante quince años, un diagnóstico de VIH era prácticamente una sentencia de muerte. El virus mutó rápidamente, lo que hizo que el tratamiento fuera difícil de alcanzar. Las primeras víctimas enfrentaron estigma y aislamiento. Hubo que esperar hasta 1985 para que el presidente Reagan reconociera públicamente el SIDA, momento en el que ya habían muerto 6.000 estadounidenses. En 1993, el VIH era la principal causa de muerte entre adultos jóvenes en Estados Unidos, alcanzando su punto máximo en 1995 con 50.628 muertes relacionadas con el SIDA. A nivel mundial, las infecciones alcanzaron su punto máximo en 1996 con 3,4 millones, y el África subsahariana quedó devastada con uno de cada cinco adultos infectados. En el año 2000, el SIDA era la principal causa de muerte en el continente africano.
Sin embargo, esta sombría trayectoria no definió el final de la historia. La presión de los activistas, los avances científicos y la acción política bipartidista revirtieron el curso. En 1996 surgió la terapia antirretroviral combinada (TARGA), que redujo drásticamente las muertes y hospitalizaciones relacionadas con el SIDA entre un 60% y un 80%. Los pacientes que estaban a días de morir se recuperaron, un efecto que los médicos denominaron “efecto Lázaro”.
La desigualdad global y el avance del PEPFAR
Los primeros antirretrovirales costaban entre 10.000 y 15.000 dólares al año, lo que los hacía accesibles en Estados Unidos, pero inalcanzables para millones de personas en la empobrecida África subsahariana. En 2003, sólo 50.000 africanos tenían acceso a estos medicamentos que salvan vidas, mientras que 30 millones estaban infectados. Aproximadamente 12 millones murieron entre 1997 y 2006 debido a cuellos de botella en costos y suministro.
En 2003, el presidente George W. Bush lanzó el Plan Presidencial de Emergencia para el Alivio del SIDA (PEPFAR), prometiendo 15 mil millones de dólares en cinco años para luchar contra el SIDA en el extranjero. El programa se expandió rápidamente, llegando a 400.000 personas en 2005 y a 2 millones en 2008. Hasta la fecha, PEPFAR ha invertido más de 120.000 millones de dólares y ha salvado aproximadamente 26 millones de vidas. El costo del tratamiento en los países de bajos ingresos se ha desplomado de 1.200 dólares al año en 2003 a 58 dólares en 2023.
Una enfermedad casi erradicable… en riesgo
Hoy en día, una persona diagnosticada con VIH que recibe tratamiento puede esperar una esperanza de vida casi normal. Las herramientas de prevención, como la PrEP (una pastilla diaria que reduce el riesgo de contraer VIH hasta en un 99%) y la nueva inyección dos veces al año de lenacapavir (con cero infecciones en ensayos clínicos), han reducido aún más la transmisión. Indetectable es igual a intransmisible (U=U), lo que significa que las personas con supresión viral no pueden transmitir el virus sexualmente, normaliza la enfermedad y limita su propagación. Los trabajadores de salud comunitarios en Kenia y Uganda han reducido las nuevas infecciones en un 70% mediante programas de tratamiento inmediato.
Sin embargo, 630.000 personas todavía mueren cada año a causa del SIDA. 9,2 millones de personas que necesitan tratamiento carecen de acceso, lo que afecta desproporcionadamente a las poblaciones marginadas: los trabajadores sexuales, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, los consumidores de drogas y las personas transgénero representan ahora más del 55% de las nuevas infecciones.
La crisis que se avecina: recortes de financiación y reacción política
Dos tercios de las personas que viven con el VIH residen en el África subsahariana, donde la financiación externa sustenta el 80% de los programas de prevención. Ahora, la reautorización de PEPFAR caducó en marzo de 2025, congelando programas en todo el mundo. Las cancelaciones de contratos de USAID amenazan con destruir su infraestructura. ONUSIDA estima que sin una financiación sostenida, podrían producirse 6 millones de infecciones adicionales y 4 millones de muertes para 2029. Incluso Estados Unidos se enfrenta a recortes en el Programa de Asistencia para Medicamentos contra el SIDA, lo que amenaza la cobertura de una cuarta parte de los estadounidenses que viven con el VIH.
Disponemos de las herramientas para poner fin a esta epidemia: tratamientos eficaces, métodos de prevención e incluso investigación de vacunas. El desafío ya no es científico sino político y financiero. Las mismas fuerzas que impulsaron el éxito del PEPFAR hace dos décadas deben movilizarse nuevamente. La historia del VIH es un testimonio del potencial humano cuando se prioriza la acción. ¿Tomaremos esa decisión una vez más?






























