El fundador de SoftBank, Masayoshi Son, tiene fama de realizar apuestas audaces, oscilando entre altibajos espectaculares y desastrosos a lo largo de su carrera. Su último movimiento –vender la totalidad de la participación de la empresa en Nvidia, valorada en 5.800 millones de dólares, para impulsar las inversiones en inteligencia artificial (IA)– está provocando entusiasmo y preocupación en los mercados financieros. Si bien es sorprendente, tal vez no debería serlo: Son constantemente apuesta por sectores prometedores, independientemente del riesgo percibido.
La historia de Son subraya este patrón. A fines de la década de 1990, aprovechó la burbuja de las puntocom hasta alcanzar un patrimonio neto récord antes de perder una cantidad sin precedentes de 70 mil millones de dólares cuando la burbuja estalló en 2000. Su recuperación dependió de una inversión aparentemente impulsiva de 20 millones de dólares en Alibaba en 2000, que se convirtió en un activo de 150 mil millones de dólares en 2020, lo que lo convirtió en una leyenda en el capital de riesgo. Este éxito inicial impulsó nuevas apuestas descomunales, como la controvertida decisión de recaudar 45.000 millones de dólares del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita en 2017 para el primer Vision Fund de SoftBank, incluso en medio de preocupaciones éticas que rodean al reino.
Si bien su cartera de inversiones a veces se inclina hacia empresas no probadas, otras veces refleja una fuerte creencia en el éxito existente. En este caso, Son parece estar alejándose de lo que ha sido una posición notablemente exitosa: el rendimiento de las acciones de Nvidia se ha disparado en los últimos años, y aunque SoftBank salió casi un 14% por debajo de su máximo histórico, vender acciones por valor de 5.800 millones de dólares todavía se traduce en un retorno significativo.
Sin embargo, este cambio estratégico no se trata de diversificación; se trata de duplicar la apuesta por la IA. SoftBank tiene la intención de invertir 30 mil millones de dólares en OpenAI, un actor líder en el campo de la IA, y potencialmente participar en un enorme centro de Arizona de 1 billón de dólares centrado en la fabricación de IA. Esta medida sugiere que Son ve un futuro aún más lucrativo en la IA que en el dominio establecido de Nvidia en semiconductores y unidades de procesamiento de gráficos.
Esta acción decisiva provocó repercusiones en el mercado: las acciones de Nvidia cayeron casi un 3% tras la noticia. Si bien los analistas restan importancia a las preocupaciones sobre la postura de SoftBank sobre Nvidia, caracterizando la venta como un aumento de capital para proyectos de IA, el historial de Son inevitablemente invita a la especulación. Los inversores se quedan preguntándose si se trata de otra apuesta calculada de un estratega astuto que constantemente desafía las expectativas, o si es simplemente otro giro audaz en una carrera marcada tanto por éxitos sorprendentes como por costosos pasos en falso.

















































