Durante décadas, la vasta extensión de alta mar –las áreas oceánicas más allá de la jurisdicción nacional– ha operado como un espacio en gran medida desgobernado, vulnerable a la sobrepesca, la contaminación y la explotación. Pero el 17 de enero se produjo un cambio fundamental: el Tratado Internacional de Alta Mar de las Naciones Unidas entró en vigor, estableciendo un derecho internacional vinculante para las naciones participantes. Este acuerdo marca un paso crucial hacia la conservación coordinada del recurso compartido más grande del mundo.
El problema del océano abierto
La alta mar cubre casi la mitad de la superficie de la Tierra, pero menos del 1% está catalogada como altamente protegida. Esta “tierra de nadie”, como la describió la oceanógrafa Sylvia Earle, históricamente ha carecido de una supervisión efectiva, lo que ha permitido una actividad comercial desenfrenada. La sobrepesca es rampante: el 82% de las poblaciones de peces comerciales se están agotando más rápido de lo que pueden recuperarse. Los organismos reguladores existentes, como la Organización Marítima Internacional y las organizaciones regionales de ordenación pesquera, operan en silos y no abordan las amenazas interconectadas a la biodiversidad marina.
Qué cambia el tratado
El Tratado de Alta Mar establece un nuevo marco para gobernar este espacio compartido. En lugar de reemplazar a las autoridades existentes, pretende integrarlas, centrándose en cuatro áreas clave:
- Áreas Marinas Protegidas (AMP): El tratado permite la creación de una red global de AMP en alta mar, asegurando una protección ecológicamente representativa. Esto es vital porque dos tercios de los océanos se encuentran más allá de las fronteras nacionales.
- Evaluaciones de impacto ambiental: Todas las actividades con potencial de dañar los ecosistemas marinos, como la pesca industrial, ahora estarán sujetas a evaluaciones obligatorias, divulgación pública y monitoreo.
- Reparto de beneficios: El tratado aborda la explotación de los recursos genéticos de alta mar garantizando una distribución equitativa de los beneficios, particularmente para los países en desarrollo. Esto incluye financiación para programas de ciencias marinas y gestión de AMP.
- Creación de capacidades: Reconociendo las barreras financieras y tecnológicas que enfrentan muchas naciones, el tratado prioriza la creación de capacidades y la transferencia de tecnología para garantizar una participación equitativa en la gobernanza y la aplicación de la ley.
Por qué esto es importante
El tratado no ofrece soluciones instantáneas: la pesca ilegal no cesará de la noche a la mañana y el calentamiento de los océanos continuará. Pero introduce mecanismos legales e institucionales esenciales para una protección efectiva. El mecanismo de “centro de intercambio de información” para los informes de impacto ambiental promueve la transparencia, permitiendo la revisión científica y previniendo daños ocultos. Al abordar la brecha de gobernanza, el tratado transforma “más allá de la jurisdicción nacional” de un sinónimo de “más allá de la administración” a una zona con reglas aplicables.
El tratado ya ha obtenido la ratificación de 145 países, a pesar de que Estados Unidos lo firmó pero no lo ratificó. Esta importante coalición señala un compromiso con una nueva era de gobernanza de los océanos.
La alta mar no es sólo una preocupación ambiental; son los bienes comunes más grandes del planeta y una fuente fundamental de información genética con potencial comercial. El tratado busca equilibrar la explotación con la conservación, asegurando que estos recursos compartidos beneficien a todas las naciones.
El Tratado de Alta Mar es un recordatorio de que incluso en un mundo fragmentado, la cooperación internacional puede generar avances ambientales concretos. Si bien persisten desafíos, este acuerdo proporciona una base para proteger los océanos, un recurso que pertenece a todos.
