Grammarly, el popular asistente de redacción, se enfrenta a una demanda colectiva después de implementar una función controvertida que simula comentarios editoriales utilizando los nombres y voces de escritores, críticos y expertos reales sin su consentimiento. La función, denominada “Revisión de expertos”, permitió a los suscriptores de pago recibir críticas supuestamente de figuras como Stephen King, Carl Sagan y la periodista tecnológica Kara Swisher.
El núcleo de la disputa: el uso no autorizado de imágenes
La demanda, presentada por la periodista Julia Angwin, sostiene que la empresa matriz de Grammarly, Superhuman, violó los derechos de privacidad y publicidad de las personas a las que se hizo pasar. Angwin, que ha pasado años investigando las prácticas de privacidad de las empresas de tecnología, afirmó que estaba “angustiada al descubrir que una empresa de tecnología está vendiendo una versión impostora de mi experiencia ganada con tanto esfuerzo”. Una estructura de demanda colectiva significa que otros escritores afectados pueden unirse a la demanda.
Los defectos de la función: comentarios genéricos y valor cuestionable
La función “Revisión de expertos”, que cuesta a los usuarios 144 dólares al año, fue ampliamente criticada por ofrecer comentarios genéricos y poco inspirados. El fundador del boletín tecnológico, Casey Newton, probó la función enviando su propio artículo y recibiendo “consejos” de una simulación de IA de Kara Swisher. La respuesta: “¿Podría comparar brevemente cómo los usuarios diarios de IA y los escépticos de la IA articulan el riesgo, creando una línea directa que los lectores puedan seguir?” Newton compartió esto con la actual Kara Swisher, quien respondió con una amenaza contundente a Grammarly.
Respuesta y reacción de Grammarly
Tras el revuelo, Grammarly desactivó la función “Revisión de expertos”. El director ejecutivo de Superhuman, Shishir Mehrotra, se disculpó y al mismo tiempo defendió el concepto subyacente de la función, sugiriendo que podría permitir a los expertos “construir ese mismo vínculo omnipresente con los usuarios” que el propio Grammarly.
Este caso pone de relieve una tensión creciente entre la personalización impulsada por la IA y los derechos de las personas cuyas imágenes se explotan en el proceso. A medida que las herramientas de inteligencia artificial se vuelven más sofisticadas, las preguntas sobre el consentimiento, la propiedad y la propiedad intelectual se volverán más urgentes.
La demanda subraya una cuestión crítica en el panorama en rápida evolución de la inteligencia artificial: el uso no autorizado de la identidad personal. Queda por ver cómo fallarán los tribunales, pero el incidente ya ha provocado un debate más amplio sobre los límites éticos de las tecnologías impulsadas por la IA.
