La Comisión Europea cree que está resolviendo su dolor de cabeza legislativo. A finales de abril, lanzaron un comunicado titulado “Un reglamento de la UE más simple, más claro y mejor aplicador”. El discurso es simple: mejorar la calidad de las leyes de la UE, aumentar la transparencia, involucrar más a las partes interesadas, hacer una “limpieza profunda” de las reglas existentes y evitar que los estados miembros regule en exceso (dorar).
Suena bien. Al menos sobre el papel.
Pero los expertos no se lo creen. Aún no. Si bien el documento incluye los ajustes necesarios, carece de ambición. Es reactivo, no preparado para el futuro. Especialmente cuando la Comisión está actualmente luchando con su propia eficiencia interna y si su burocracia está siquiera preparada para la IA.
El último informe del Consumer Choice Center Europe, “Una regulación más inteligente”, irrumpe en esta comunicación. No se limita a asentir. Identifica podredumbre estructural en el proceso legislativo y exige soluciones tecnológicas avanzadas.
Las victorias: dónde ayuda realmente la tecnología
Demos crédito a quien corresponde. La Comisión se ha comprometido a ser transparente en cuanto a las excepciones procesales. Si se saltan pasos de las Directrices para una mejor regulación, ese incumplimiento ahora se registrará y se informará en la exposición de motivos.
Finalmente, los ciudadanos y los legisladores sabrán por qué las reglas se están flexionando.
También existe la promesa de notificar a las partes interesadas directamente cuando los resúmenes de las consultas aparezcan en el portal “Have Your Say”. Parece básico. No se ha practicado hasta ahora, pero ahora lo será.
Luego está la herramienta de TI. La Comisión quiere introducir nuevo software para gestionar las leyes de la UE, rastrear las reglas de implementación, detectar superposiciones y desenmarañar la complejidad. Este no es sólo un proyecto de TI. Es una necesidad estructural. El marco institucional de la UE es un desastre de intereses divergentes; La tecnología puede ayudar a eliminar el ruido. Debería ser un objetivo principal, no una ocurrencia tardía.
Las brechas: consultas que no consultan
Aquí está el problema. La anterior “Llamada de evidencia” de la Comisión sobre una mejor regulación fue criticada. Las partes interesadas querían diseños de consulta neutrales. Querían cronogramas realistas.
¿El documento de seguimiento? Impreciso.
Promete vagamente evitar programar consultas durante los días festivos “siempre que sea posible”. Sin embargo, mantiene el poder de reducir el período de consulta estándar de 12 semanas a solo seis semanas. Seis semanas. Por cambios regulatorios masivos.
¿Y qué pasa con la autoevaluación? La autocrítica de la Comisión es limitada. ¿Sugerencias concretas para mejorar? Delgado en el suelo.
La evidencia histórica muestra que simplemente definir principios como “Mejor Regulación” es inútil. Hay que hacerlas cumplir. Tienes que monitorearlos. Hay que cambiar la cultura institucional. Una cosa no ha cambiado.
La trampa de la urgencia
Tomemos como ejemplo el “procedimiento de urgencia”, que fue impugnado por el Defensor del Pueblo. Sigue siendo peligrosamente amplia. La Comisión Europea define la urgencia en función de cuatro factores desencadenantes:
- Crisis o shocks.
- Graves consecuencias de la inacción.
- Plazos legales.
- Un “contexto político que crea la necesidad de una acción urgente”.
¿Desencadenantes uno y dos? Bien. Lo entendemos. Las emergencias suceden.
¿Pero los desencadenantes tres y cuatro? Ésa es una laguna jurídica del tamaño de un camión. El “contexto político” puede justificar casi cualquier atajo procesal. Véalo con precaución. Revíselo. Ahora.
Recomendaciones: arreglar la máquina, arreglar el ritmo
Consumer Choice Center Europe no se limitó a quejarse. Ofrecieron un plano. Las recomendaciones están dirigidas a la Comisión, las instituciones de la UE y los Estados miembros.
Para las instituciones de la UE:
Mejorar la calidad de la legislación. Desarrollar capacidad institucional. Utilice la tecnología para garantizar que las reglas sean simples y comprensibles. Garantizar la rendición de cuentas. Asegúrese de que todos en Bruselas estén realmente de acuerdo, en lugar de simplemente fingir que lo están.
Para los Estados miembros:
Aquí es donde la cosa se vuelve complicada. Los Estados miembros se están ahogando. No pueden seguir el ritmo legislativo. Como resultado, participan menos en la formulación de políticas. Según se informa, la Comisión está pensando en enviar mano de obra adicional a las capitales nacionales. Eso es una curita.
Las propias capitales carecen de personal suficiente. No pueden reaccionar, y mucho menos establecer proactivamente sus propios puntos de agenda. No se puede forzar el compromiso si no existe la infraestructura.
Por qué esto importa ahora
Mario Draghi argumentó recientemente que la UE debe evolucionar hacia una “federación pragmática” para seguir siendo globalmente competitiva.
Esa integración enfrentará una resistencia masiva. A menos que los Estados miembros y las partes interesadas se sientan genuinamente escuchados. A menos que confíen en las instituciones. A menos que las empresas europeas decidan operar para Europa, no sólo dentro de ella, a pesar de la burocracia.
Mejorar el proceso legislativo no es sólo higiene burocrática. Es supervivencia. Si la UE no logra adaptarse (no sólo en velocidad, sino también en calidad), exacerbará las tensiones internas. Alimentará el populismo político. Fortalecerá el sentimiento anti-UE que ha estado acechando en las sombras.
Las reglas son cada vez más sencillas sobre el papel. ¿Pero en la práctica? La máquina sigue moliendo. Y si trabaja demasiado, rompe la confianza que necesita para sobrevivir.
¿Funciona realmente la transparencia si el cronograma de participación es la mitad de lo que solía ser? ¿O simplemente estamos optimizando la ilusión de compromiso?






























